¿Qué clase de errores queremos cometer?

Una primera respuesta muy elemental es que no queremos cometer errores y que tampoco ocurran en nuestra empresa, pero, tenemos que enfrentarnos maduramente a una realidad de la vida es que siempre vamos a enfrentar situaciones en las que los resultados no sean los que queremos y cuando nuestras acciones u omisiones están implicadas en lo que resulta, estamos hablando de errores.

Si tenemos que elegir qué clase de errores queremos cometer, nos vamos a inclinar por la clase de los errores nuevos.

En nuestro desarrollo personal y empresarial, enfrentarnos a la realización de errores nuevos significa varias cosas:

  • Hemos aprendido las lecciones que surgen de los errores antiguos; nos hemos desarrollado, lo que en algún momento fue un inconveniente, ahora ya no lo es porque sabemos manejar esa situación.
  • Estamos en otro nivel, fuera de nuestra zona de confort y por supuesto que nos enfrentamos a circunstancias nuevas y cometemos errores inéditos; si jugamos en una categoría superior, enfrentamos a rivales de otro nivel, el desafío es mayor y hasta deberíamos festejar que estamos incurriendo en problemas y errores de otro porte. ¡Arriba nos esperan desafíos mayores y cometeremos errores nuevos!

Otro enfoque en el tema de los errores está en la relación que existe entre la magnitud del asunto y la de los recursos que disponemos para su atención.

Vamos a explicarnos. Dado un asunto que debe ser atendido, disponemos para la tarea una determinada dotación de recursos y en este término estamos englobando personal, tiempo, presupuesto, datos, etc. Y en la decisión de la cantidad de recursos que vamos a emplear tenemos dos alternativas gruesas: o bien ponemos en el tema muchos recursos o pocos. (Disponer la cantidad “justa” es una utopía).

Si ponemos muchos recursos, seguramente el tema quedará resuelto, pero, estamos incurriendo en la clase de “error tipo I” .Aquí el error es que se asignan recursos por demás, lo que constituye un desperdicio y se corre el riesgo de que puede crearse en la organización la cultura de que esa es la manera de atender los problemas: “en patota”, “usando un misil para matar una mosca”. Los temas se resuelven con la facilidad que da el empleo exagerado de medio, lo que produce relajación y “flacidez empresarial”.

La contracara es el “error tipo II” que se configura cuando se le asignan pocos recursos para la magnitud del asunto a tratar; el éxito es más difícil, se corre el riesgo de la desmotivación de los involucrados que sufren las derrotas (burn-out), y la sofocación por enfrentar desafíos muy grandes que aplastan.

¿Entonces? ¿Qué hacemos?  Esta situación recuerda la famosa cita de Woody Allen: “Más que en ningún otro momento de la historia, la humanidad se halla en una encrucijada. Un camino conduce a la desesperación absoluta. El otro, a la extinción total. Quiera dios que tengamos la sabiduría de elegir correctamente”.

Considerar un asunto más importante que lo que es, nos conduce al error de tipo I, que es el desperdicio y la relajación. Si lo subestimamos podemos caer en el error tipo II que nos puede conducir al fracaso y a la desmotivación.

El dilema se resuelve con la justa medida; indudablemente los extremos son ambos malos y se trata de decidir cerca del medio y marcar una preferencia. El mejor consejo es el de volcarnos levemente hacia cometer el error de tipo II (ligera subestimación del asunto). En este caso, nosotros o nuestros colaboradores se enfrentarán a un tema que es un poco superior que sus capacidades. Y justamente este tipo de desafíos son los que nos hacen crecer, que nos desarrollan. Así como en el deporte, enfrentar a un adversario un poco mejor que nosotros nos obliga a dar lo máximo y en ese proceso, mejoramos, ocurre algo similar con los asuntos laborales. Los desafíos que tienen un tamaño un poco mayor que nuestras posibilidades actuales, son como las pesas en el gimnasio; al tratar con ellas, “sacamos más músculo”.

Un desafío importante (pero no abrumador) motiva mucho pues demuestra una cuota de confianza; cuando asignamos un asunto, siempre estamos implícitamente  que creemos que quien lo va a manejar, podrá con él.

Como conclusión: queremos cometer errores nuevos que impulsen nuestro desarrollo y que nos posibiliten cada vez a enfrentar desafíos aún mayores y por lo tanto a cometer otros nuevos errores y así continuar (“hasta el infinito…y más allá).





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Socio fundador de GRUPO TRÚPUT.

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