“Pero… yo soy muy exigente”

“Soy muy exigente”

Podemos entender que esta declaración se refiere al deseo de obtener metas elevadas, logros importantes. Y eso es bueno, señala una ambición de alcanzar objetivos superiores.

La situación comienza a complicarse cuando la exigencia es en relación a los demás, a otros; y en este caso significa que pretendemos que otros realicen tareas que den por resultado, efectos de alta calidad. Podemos querer, por ejemplo, que nuestros hijos saquen excelentes notas académicas o que nuestros empleados se desempeñen con altos estándares de eficiencia. Y resulta que no siempre las cosas ocurren como queremos, y por lo tanto, podemos frustrarnos. Entonces, como “somos” muy exigentes y la realidad no acompaña, nuestro estado de ánimo es de frustración, que nos conduce a la crítica y a la descalificación de aquellos que no alcanzan a los altos niveles que pretendemos; pero, eso sí, estamos justificados porque… somos muy exigentes.

De un modo simplificado pero muy rotundo, sostenemos que podemos pararnos en la gran mayoría de las circunstancias de la vida, en una de dos actitudes que conllevan sus comportamientos correspondientes: o víctima o agente. A la luz de este enfoque, la declaración de mi alta exigencia, puede estar muy en la línea de la víctima, pues me encuentro en un estado de dolor, sufrimiento y frustración porque “ellos” (los victimarios) no hacen lo que pretendo que hagan.

Vale la pena contemplar como la otra alternativa, la de establecer que actuamos, que provocamos efectos, es decir que somos agentes, nos brinda una posibilidad creativa y constructiva en el dominio de nuestra alta exigencia. En primer lugar,  asumimos que nos debemos hacer cargo de ser activos en el logro de los objetivos que nosotros planteamos, y si lo que queremos es que otros los obtengan, debemos imponernos la tarea de facilitar esa conquista. Nuestra meta es entonces, hacer lo necesario para hacer posible que quienes queramos logren lo que queremos. Así, debemos preguntarnos: ¿qué tengo que hacer yo para que (mis colaboradores/mis compañeros/mis etc.) puedan obtener esta meta? Me configuro en el agente del cambio que pretendo y fundamentalmente actúo con los otros mediante tareas de apoyo, de facilitación, de motivación, etc., y mido mi desempeño en función de los logros que obtiene mi “equipo”. También en estas circunstancias, me puedo encontrar con la frustración del fracaso, pero ésta es muy distinta, pues está relacionada con mis acciones y de esa manera se configura en un elemento del aprendizaje que me permite en el hacer, estar cada vez en mejores posibilidades de lograr lo querido o tener sólidas razones para redirigir las inquietudes en la búsqueda de otros logros.

Socio fundador de GRUPO TRÚPUT.

Posted in Prácticas de Gestión

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